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Quizá te preguntes ¿Quién es Santa Juana de Lestonnac?

Aquí te proponemos un breve, pero interesante, recorrido por su vida.

Juana de Lestonnac nace en Burdeos; es la primogénita de los Lestonnac, una familia significativa en el ámbito político, social y cultural de la ciudad y sobrina preferida de Michel de Montaigne, humanista francés, autor de los famosos “Ensayos”.

En pleno desarrollo como persona vive en su propia familia los conflictos religiosos que se desarrollaban en la época. Su padre, Ricardo, educa a su hija en la fe católica. Su madre, Juana Eyquem, calvinista convencida, intenta atraerla a esta confesión religiosa.

En su adolescencia siente que Dios le confirma su fe católica y escucha en su interior: “procura, hija mía, no dejar que se apague esta llama que yo he encendido en tu corazón...”. A partir de este momento, Juana cuidará esa inquietud que fluye en su interior.

A los 17 años contrae matrimonio con Gastón de Montferrant de cuya unión nacerán cinco hijos, a quienes acompañará solícita en su crecimiento y educación.

Después de veinticuatro años de casada, queda viuda; consciente de que sus hijos ya apenas la necesitan, Juana siente que de nuevo resuena en ella la llamada de la adolescencia e ingresa en 1603 como religiosa en el monasterio de las Feuillantines de Toulouse.

Transcurridos seis meses, cae enferma y es obligada a abandonar el monasterio del Císter. Siente una resistencia interna ante este fracaso, pero ora, confía en Dios e intuye una nueva llamada a “tender la mano a una juventud que se pierde por falta de ayuda”.

De nuevo en Burdeos reflexiona, ora y mira la realidad para dejarse afectar por ella... pronto descubre una necesidad a la que debe dar respuesta, la educación de las niñas y jóvenes. Se impone en ella la certeza de que “la mujer debe de salvar a la mujer”.

La peste llega a Burdeos y, fiel a su carácter y personalidad, comienza a ayudar a los enfermos de la ciudad; es así como entra en contacto con un grupo de jóvenes mujeres que serán sus primeras compañeras y con dos jesuitas que le animarán en su proyecto.

Con perseverancia y coraje, poco a poco, va dando forma y consistencia a su sueño que en 1607 se convertirá en una hermosa realidad: la fundación de la primera Orden Apostólica femenina dedicada a la educación de la mujer, la Compañía de María.